Sí, quiero.

 

Ah, ah, ah. Ni caso a la foto, de momento.

Sábado: me levanto, me pongo en marcha y decido ir a hacer fotos.

Hacía tiempo que quería ir a Girona y más desde que vi la catedral en Juego de Tronos. Así que me subí al coche, puse la música en modo random y me dispuse a sumar kilómetros.

Hacer una salida de este tipo era algo impensable hace unas semanas. Pero desde que me tiré a la piscina, sin manguitos, en aquella escapada a Zaragoza, muchas cosas han cambiado.

Aquel día no me ahogué, pero casi. Fue un éxito relativo, fui buscando una crisis y la encontré. Ya está. Poco después volví, y con un par de truquillos, viví uno de los mejores días de los últimos años. Había tirado abajo una muralla. Una más.

Volvamos al sábado. Que soy tan mono (por lo del pelo por todo el cuerpo), que me voy por las ramas.

Llego, aparco y busco en Google Maps dónde está la catedral. Cojo el patinete y me pongo en camino. PERO tengo un problema: no sé interpretar el GPS cuando voy a pie. SIEMPRE empiezo a andar, o patinetear, en dirección contraría.

En fin: me aclaro y para el centro.

[A la foto]

Voy a lo mío. Mis ventanas, mis puertas…  Le hago una foto a una de estas, miro cómo ha quedado y veo a un par de espontáneos. Alzo la mirada para verlos en directo.

La felicidad está ante mí. En un segundo imagino el guión de sus vidas. Se conocieron antes de la veintena. Apenas estuvieron un año. La cosa se torció. La cosa siempre se tuerce. Sus vidas se separaron. Trabajo, hijos, otras ciudades. Hasta que un día Facebook y su “tal vez conozcas a:” removió tripas al unísono.

No sé si aquel sábado era el comienzo de una vida o el paréntesis de otra, ¿y qué más da? Para ellos, en ese momento no había nada más. Se seguían besando después de hacerlo. Se seguían abrazando una vez separados.

No hice más fotos porque quise disfrutar del momento. Como cuando vas al concierto de tu grupo favorito y estás más pendiente del móvil. Pues no.

Y los perdí de vista.

Seguí con mis fotos. Descubrí un balcón, este:

Le hice más fotos que a mi primera tortilla.

Apenas había visto Girona, pero sentía que ya había visto lo importante. Decidí ir a Barcelona, y una vez allí, a la Sagrada Familia. Os enseñaría una foto cojonuda que tengo de ella, pero digo yo que me tendré que guardar algo.

Me di una vuelta, blablabla y para casa.

Horas después me puse a ver qué tal las fotos del día. Cuando toqueteé la que abre esta entrada y vi el resultado me dije: “ay”. La cosa no pasó de ahí. (Me ha faltado meter un “hay” para hacer la gracia completa).

Al día siguiente, no sabía qué hacer/ver. Me puse un rato La jungla de Cristal, pero no me atrapó como otras veces. Recordé que tenía La la land y pensé en ver un trozo mientras comía. La vi entera.

Mientras lo hacía, me acordé de Her (otro día os hablaré de esta peli desde otro punto de vista). La vi a continuación. Y ya le puse la guinda con Rocky II. Sí, la guinda.

La cosa acabó así:

Quiero esas cosas. Que acabarán mal, pues seguramente. ¿Y qué? Un La la land o un Her. Lo de Rocky es inalcanzable, pero lo otro… ¿quién sabe?

Hasta luego 🙂

Publicado por

Alberto Cuadrado

Buenas noches (o lo qué sea), bienvenidos, gracias por estar aquí.

2 comentarios en “Sí, quiero.”

  1. No he visto ni La La Land(a) ni Her -que me suena a nazi-, pero si te ponen romántico las reservaré para verlas en compañía -guiño, guiño-

  2. Cuando he visto el título he pensado si te casabas jajaja. Molan las dos fotos, estoy de acuerdo contigo en que hay que disfrutar el momento y alejarse un poco de la cámara cuando lo que ves merece la pena ser visto a través de los ojos, no de la cámara solamente. ¿Cuántas veces llevas vista La La Land? Yo no repito aún, no estoy preparada para ver el final. O finales felices para todos o me enfado. No se he ha pasado el mosqueo aún. Hasta el siguiente post 🙂

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