Diario de un agorafóbico. No-ficción.

He ido a Barcelona. También a Girona. Zaragoza y Jaca también me han visto pasear por sus calles.

Medios de transporte, como el metro y el tren también han contado con mi presencia.

Las tiendas han vuelto a abrirme sus puertas. Cosa no difícil, ya que hoy en día todas son automáticas.

El cine y las librerías han vuelto a verme disfrutar. No me habían echado de menos porque no habían dejado de recibir mis visitas; pero no todos mis sentidos estaban allí.

El peluquero, el alérgico a la gomina, ha vuelto a verme con cierta asiduidad.

Ese imposible que era una boda, tampoco pudo conmigo. Y le puse un par de lacitos con sendas comuniones.

Me he vuelto a tatuar. El total ya llega a 17. Y sumando. Uno de los últimos se trata de un avión. La punta del iceberg.

He vuelto a redecorar mi vida. Los pasillos de IKEA han vuelto a contar con mis “esto creo que me cabe en el coche”.

IKEA. El día que fui me tiré a la piscina. Como aquella vez. Y tras conseguirlo, lloré. Mucho. Como aquella vez.

Creo que las dos veces que más he llorado en mi vida han sido de alegría. Y digo “creo” porque sigo dudando de todo. Menos de mí.

Y es que durante esta etapa de mierda, me he dado cuenta de que soy mucho más inteligente de lo que siempre había creído. Y también mucho más fuerte.

Puedo parecer pedante, pero es la verdad. Es muy complicado estar en un sitio, querer salir corriendo y pensar que si lo haces, será peor. Obvio que he necesitado ayuda. Y la sigo necesitando. Pero el que rema soy yo.

Varias personas me han hecho una pregunta cuya respuesta yo creía clara, pero obviamente no lo era; se trata de “¿cómo te diste cuenta de que tenías ese miedo?”. Yo simplemente respondo, que cuando no puedes hacer cosas que has hecho durante toda tu vida, es que algo pasa.

Me he dado cuenta de que soy mejor persona de lo que creía. Porque cuando me topo con un psicólogo de Mercadona, esos que tienen remedio para todo, no exploto, simplemente digo algo así como “bueno, cada persona es un mundo y blablabla”. Y es que yo sí sé lo que tengo que hacer. Sé que puedo hacerlo todo, solo que, quizá, no sea mañana.

[Alberto, estás yendo muy de guay. Explícalo todo]

Pero no todo es bonito y buen rollo.

Para poder disfrutar de Zaragoza tuve que intentarlo dos veces. En la primera no llegué y en la segunda ni me bajé del coche.

Aún tengo ese momento, cada semana o cada dos, de “voy a tirar el ajuar de boda que nunca tendré, porque esto no lo voy a conseguir dejar atrás”. Pero también es verdad que se me pasa rápido.

Este martes tuve un bajón. Quiero ir a una ciudad. En avión. Tengo ganas de ir a hacer fotos y de conocer a un par de personas. Tuve ese bajón porque aún no puedo ir. Pero podré. Antes de lo que creo. Será como lo de IKEA. Pero sin velas.

Queda un día menos para (volver a) subirme a un avión. Queda un día menos para todo.

No sé cerrar las entradas en las que me pongo serio. Así que hasta…

 

Sidamón: la trilogía

Ya sabéis que me ha dado por las fotos. Cómo no darse cuenta. Si estás aquí, al 99% me sigues en Twitter o Instagram y eso es algo que ya sabías.

Al principio de este blog, dije varias veces lo fan que soy de la luz. No tengo cortinas en casa, por ejemplo. No tengo las persianas arriba del todo porque no quiero morir calcinado, que sino…

Mi luz favorita es la que está a punto de desaparecer. Quizá sea por eso. Casi siempre pierdo las cosas cuando más a gusto estoy con ellas. Me pasó con aquello, con lo otro y con alguna cosa más.

Desde que tengo la cámara, se ha convertido en mi momento favorito del día para hacer fotos. Ya sea con el Sol de cara o calentándome la coronilla.

Me gusta cuando el Sol está tan bajo que, si levantas la mano, casi lo puedes tocar. Tan bajo que le puedes poner algo delante para taparlo. Puedes hacer lo que quieras con él.

El pasado domingo no fue diferente. Tenía ganas de tres cosas: de hacer fotos, de hacer kilómetros y de seguir el fútbol por la radio. Así que cogí la cámara (comprobé que tenía la tarjeta) y las llaves del coche.

No sabía cuál iba a ser el destino, ni mi objetivo. Pero era raro, llevaba la velocidad del que sabe adónde se dirige. Del que sabe que le están esperando. Del que sabe que no puede llegar tarde, porque no le gusta hacer perder el tiempo.

De repente me dije: “ya está, como está el Sol, vas a hacer una foto desde un puente, sobre la autovía”. Así que me puse a buscar una salida con un puente a la vista. Uno que me gustase, claro.

Los kilómetros pasaban, el camino era conocido: la autovía de Zaragoza. Ya expliqué lo importante que fue y es ese trayecto para mí.

Unos minutos después, lo vi. Llegaba a Sidamón. Un pueblo del que recordaba el nombre, pero eso de que no sabes el motivo. En cuanto tomé la salida, lo vi. Vi a “eso” que tantas y tantas veces le he dedicado las mismas palabras en mi cabeza.

“Alberto, un día tienes que descubrir cómo hacerle fotos a eso”

“Tiene que haber un camino o algo”

“No puede ser tan difícil”

Pues ese día la casualidad me llevó ante él. O ante eso. No sé cómo llamarlo.

En cuanto vi donde estaba me bajé del coche. Cogí la cámara y salí corriendo campo a través. No podía perder tiempo. Cuando el Sol se está cayendo es cuestión de nada y menos que desaparezca. Y ay si se cruza una nube.

Así que corrí, como quien ve la meta. Como quien sabe que en el final está lo que uno quiere. Corrí, corrí, me paré un poco porque pisé un palo y seguí corriendo. Después vi que podía haber ido con el coche, pero oye, entonces las palabras escritas hace nada no tendrían épica.

Y allí estaba. Nervioso ante esa silueta. Esa silueta que tantas veces me había dicho “eh, que te vas a vivir una aventura”. Así que disparé. Y no le sentó mal. Rodeé a ese tótem y le vi la cara. La misma cara que siempre me dice “¿De camino a casa, eh? Venga, que ya lo tienes hecho”.

Esta entrada puede parecer una tontería para vosotros. Pero para mí fue lo más. Y es normal que no lo entendáis. Porque lo que viví antes, durante y después lo hice solo conmigo. Y como me explico fatal… pues eso, que no espero que lo entendáis. O sí.

Sí, quiero.

 

Ah, ah, ah. Ni caso a la foto, de momento.

Sábado: me levanto, me pongo en marcha y decido ir a hacer fotos.

Hacía tiempo que quería ir a Girona y más desde que vi la catedral en Juego de Tronos. Así que me subí al coche, puse la música en modo random y me dispuse a sumar kilómetros.

Hacer una salida de este tipo era algo impensable hace unas semanas. Pero desde que me tiré a la piscina, sin manguitos, en aquella escapada a Zaragoza, muchas cosas han cambiado.

Aquel día no me ahogué, pero casi. Fue un éxito relativo, fui buscando una crisis y la encontré. Ya está. Poco después volví, y con un par de truquillos, viví uno de los mejores días de los últimos años. Había tirado abajo una muralla. Una más.

Volvamos al sábado. Que soy tan mono (por lo del pelo por todo el cuerpo), que me voy por las ramas.

Llego, aparco y busco en Google Maps dónde está la catedral. Cojo el patinete y me pongo en camino. PERO tengo un problema: no sé interpretar el GPS cuando voy a pie. SIEMPRE empiezo a andar, o patinetear, en dirección contraría.

En fin: me aclaro y para el centro.

[A la foto]

Voy a lo mío. Mis ventanas, mis puertas…  Le hago una foto a una de estas, miro cómo ha quedado y veo a un par de espontáneos. Alzo la mirada para verlos en directo.

La felicidad está ante mí. En un segundo imagino el guión de sus vidas. Se conocieron antes de la veintena. Apenas estuvieron un año. La cosa se torció. La cosa siempre se tuerce. Sus vidas se separaron. Trabajo, hijos, otras ciudades. Hasta que un día Facebook y su “tal vez conozcas a:” removió tripas al unísono.

No sé si aquel sábado era el comienzo de una vida o el paréntesis de otra, ¿y qué más da? Para ellos, en ese momento no había nada más. Se seguían besando después de hacerlo. Se seguían abrazando una vez separados.

No hice más fotos porque quise disfrutar del momento. Como cuando vas al concierto de tu grupo favorito y estás más pendiente del móvil. Pues no.

Y los perdí de vista.

Seguí con mis fotos. Descubrí un balcón, este:

Le hice más fotos que a mi primera tortilla.

Apenas había visto Girona, pero sentía que ya había visto lo importante. Decidí ir a Barcelona, y una vez allí, a la Sagrada Familia. Os enseñaría una foto cojonuda que tengo de ella, pero digo yo que me tendré que guardar algo.

Me di una vuelta, blablabla y para casa.

Horas después me puse a ver qué tal las fotos del día. Cuando toqueteé la que abre esta entrada y vi el resultado me dije: “ay”. La cosa no pasó de ahí. (Me ha faltado meter un “hay” para hacer la gracia completa).

Al día siguiente, no sabía qué hacer/ver. Me puse un rato La jungla de Cristal, pero no me atrapó como otras veces. Recordé que tenía La la land y pensé en ver un trozo mientras comía. La vi entera.

Mientras lo hacía, me acordé de Her (otro día os hablaré de esta peli desde otro punto de vista). La vi a continuación. Y ya le puse la guinda con Rocky II. Sí, la guinda.

La cosa acabó así:

Quiero esas cosas. Que acabarán mal, pues seguramente. ¿Y qué? Un La la land o un Her. Lo de Rocky es inalcanzable, pero lo otro… ¿quién sabe?

Hasta luego 🙂

Nunca voy a ser feliz

Hace un rato he dicho esto en Twitter:

Y aquí estoy.

Tranquilos, que todo tiene una explicación. Bueno, casi todo.

Nunca voy a ser feliz. Llevo unos días/semanas con un estado anímico mejor que hace unos días/semanas/meses. Aún así creo que nunca seré feliz.

Lo creo así porque PARA MÍ la felicidad es un estado tan absoluto, en el que hay que tener tantas cosas bajo control (trabajo, familia, enfermedades, dinero y mil más), que sé que jamás alcanzaré.

Cuando las cosas me salen más o menos bien, cuando estoy a gusto, cuando hago cosas que me apetece o, yo qué sé, cuando me regalan algo, yo no estoy feliz, yo estoy contento.

No sé, si mi equipo gana la Champions, pues estoy contento.

Si mi piloto gana el mundial, pues estoy contento.

Si estoy conociendo a una chica que me gusta, pues estoy contento.

Puede que esa sea la felicidad de los demás, pero no para mí. Esa palabra, PARA MÍ, es demasiado, es utópica. Quizá me lo digo a mí mismo para no dejar de perseguirla, puede ser.

“-Alberto, no eres feliz, no te acomodes. -Dice mi Pepito Grillo-“. Por cierto, el mismo Pepito me dice que queme cosas, pero no le hago caso. De momento.

Hay gente que se va de cañas, sube una foto a Instagram y pone su etiqueta de “#felizcomounaperdiz”. Y según la RAE, pues tienen razón. La RAE dice lo siguiente:

Felicidad.

Del lat. felicĭtas, -ātis.

  1. Estado de grata satisfacción espiritual y física.
  2. Persona, situación, objeto o conjunto de ellos que contribuyen a hacer feliz. Mi familia es mi felicidad.
  3. Ausencia de inconvenientes o tropiezos. Viajar con felicidad.

La tercera acepción. Eso es lo que quiero decir. ¿Ausencia de convenientes? ¿De tropiezos? Pues eso, que jamás la alcanzaré. Ni falta que hace.

Por que a mí me vale con lo que pienso. Yo quiero estar contento cada día. Durante el mayor espacio de tiempo posible. Esté dónde esté, haga lo que haga. Porque no puedo decir que estoy feliz si estoy viviendo en un sitio que odio, pero si que puedo estar contento. Creo que me entendéis. Me leéis pocos, pero sabéis por donde voy.

Pues nada, ya lo he dicho.

En la última entrada dije que estaba escribiendo algo. No lo he dejado, pero si que voy a tardar. Quería hacerlo rápido. Casi acabarlo al ponerme, pero no. Lo voy a hacer bien. O todo lo bien que sepa hacer algo que no he hecho nunca.

Dicho lo cual, gracias por venir 🙂

Y me compré un patinete

Y fui a Zaragoza. Y me compré “Asesinato en el Orient Express”. Y vi la trilogía de Indiana Jones. No son grandes cosas, o puede que sí, pero son cosas que quería hacer desde hacía tiempo.

Basta de buscar el momento idóneo para todo. Y por eso…

Una cosa os tengo que decir: me vais a ver menos por aquí. Y es que tengo una cosa en mente. Bueno, tengo más de una. Pero esta choca un poco con escribir en el blog. Estoy escribiendo otra cosa.

Empecé el sábado noche. No sé si fui el calor, que estoy muy solo (qué pesao soy con esto) o qué. Mi idea era casi acabarla esa misma noche, pero me fue imposible. Cuanto más pensaba, más se liaba la cosa.

No sé si será un relato, un libro, el guión de un cómic o un “.doc” que se queda dando vueltas años y años por el escritorio. Pero sí sé que lo quiero hacer.

Lo mismo me pongo frente al PC y escribo, escribo y escribo y cuando lleve 20 páginas, lo rompo. Aunque para eso, antes debería imprimirlo…

En fin, que no sé cómo acabará la cosa, si es que acaba. Pero sí sé que lo quiero hacer. Y si se queda a medías, pues no pasa nada.

Eso sí, lo siento por todo el mundo. Con lo pesado que soy con lo de “tengo un blog”, lo de “estoy escribiendo algo” me da para un buen rato.

Ah, que lo he dicho como si nada. ¡Que me fui a Zaragoza! Esta vez fue mucho mejor que la anterior. Pero mucho.

Esta vez la meta no era llegar. Esta vez era emprender el camino y en el momento de sufrir una crisis, gestionarla. Si la superaba, podía volver a casa. Aunque llevase 30 km de viaje. La crisis me llegó en La Puebla de Alfindén. A nada de Zaragoza. Allí me salí de la autopista. Allí hice lo que tenía que hacer. Y allí superé la crisis.

Podía haber vuelto. Ya había sido un éxito. Pero quería ir a Zaragoza. Quería hacer fotos. Y…

¿Nada mal para alguien que se llevó la cámara sin tarjeta de memoría, no? Sí, eso es lo que pasó. Voy a Zaragoza a hacer fotos y no compruebo ni eso. Pero me vino bien. Así conocí un poco más el centro de la ciudad buscando dónde poder hacerme con una.

Y lo del patinete. Me lo he comprado y lo he usado y todo. He ido al trabajo dos veces. Y las dos veces casi me atropellan.

Indiana Jones debería haber ido en patinete, eso sí que hubiese sido una auténtica aventura. Y no pelear contra los nazis. Puede que lo de los nazis sea una pista parHASTA AQUÍ PUEDO LEER/ESCRIBIR.

Hermana, ¿me hago del Madrid?

– Haz lo que quieras. Pero si te vas, no vuelvas – dijo ella-.

El Madrid acababa de ganar la Liga y yo era un ser que no tenía Twitter.

Mirando en la Wikipedia, tuvo que ser en mayo/junio del 95 o del 97. En el 97 es imposible. Aquel año el Barça lo ganó casi todo, con Robson en el banquillo y un tal Ronaldo en el campo. Antes no puedo ser, por que desde la 90-91 a la 94 el Barça ganó la Liga. Así que tuvo que ser en el 95. O lo que es lo mismo: tenía 9 años.

El año anterior siempre será el que recordaré como mi primer año como seguidor del deporte de 11 contra 11 sobre césped.

Todo fue muy doloroso, el Barça perdió la final de la Champions contra el Milan, por 4-0. Y España cayó ante Italia, codazo mediante, en el mundial de Estados Unidos.

Recuerdo ver aquel partido con mi hermana. Cuando el partido se puso feo, cambió de canal. De vez en cuando volvía a ponerlo y cada vez que lo hacía el Milán marcaba o ya lo había hecho.

Recuerdo que aquel día compré el periódico. Siempre lo hacía, iba a  un kisko al lado de casa. Ese día regalaban una pegatina, de las que se pegan en los coches o carpetas; yo lo hice en la camiseta. Y era un tío muy pequeño, así que me debería llegar del cuello a los pies. Ya era ilusión por los cuatro costados.

Meses después empezó el mundial. Aluciné. España cayó en cuartos. Se me partió el alma con el codazo a Luis Enrique. Aún creo que Abelardo puede estirarse un poco más y llegar al balón de Baggio.


Vi aquel partido en casa de mis abuelos. Cuando acabó, recuerdo irme al baño, sentarme en el borde de la bañera y pensar “¿por qué? Si lo hemos hecho todo bien”. Ahí empecé a ser el dramas que soy hoy en día. Ahí empecé a amar al fútbol. Lo de las motos llegó un poco más tarde, pero poco.

Volviendo a al conversación que abría esta entrada, puede que no sea del Madrid por mi hermana. Aquella respuesta fue tan clara y seca que supe cómo era. Me quedó claro para toda la vida. Y yo me quedé en el bando culé. No me arrepiento. Creo.

Mi siguiente gran evento deportivo que recuerdo seguir con gran pasión fueron los Juegos Olímpicos de Atlanta 96. Pero allí mi hermana no me dijo “como vayas con Estados Unidos, ya te puedes ir a vivir a Delaware”. Y se lo agradezco, porque ya me veía preparando las maletas. Aunque quién sabe, lo mismo hoy sería el primer campeón blanco de 100 metros lisos en los últimos ¿500 años?

Bueno, he empezado esta entrada para ver qué tal el PC este, que hacía años que no lo usaba y mirad la que os he soltado. No os molesto más por hoy, por aquí.

Un saludo, mis fans. Que sí, que lo sois. Os guste o no 🙂

Os dejo mi última foto. Estoy un poco mosca, porque es la que más corazoncitos ha tenido, pero no es de mis favoritas. Pero oye, el caso es quejarse de algo.

A la caza de una crisis: la novela

Obviar la foto, de momento.

Sé que es difícil, es lo primero que se ve y las cosas no se pueden olvidar así de fácil. Pero es mi blog y hago lo que quiero. Joder, qué duro estoy. Y con vosotros, que sois los seres que menos lo merecen.

No sé si esta entrada es la continuación de Tengo que deciros algo: no tengo miedo a volar. Pero los tiros van por ahí. Necesito escribir lo que pasó el fin de semana pasado.

La cosa empezó el jueves. Ese día, haciendo zapping, vi el final y el principio de Friends. Mientras lo hacía (lo de Friends) me acordé que quería hacer lo mismo con LOST. Llevaba tiempo queriéndolo hacer (lo de LOST), pero lo iba dejando. En cuanto acabé  de ver el principio de Friends, me puse el de LOST.

Ya no quería posponer más algo que quería hacer. Y lo hice. Debido a que era jueves, no pude ver el final, así que lo dejé para el viernes.

El viernes le di al play. Aquí no vienen destripes ni similares. Solo diré que en su día me pareció un bluf y que ahora me gusta. Me emocioné.

Yo pensaba que mi zarandeo emocional se acabaría ahí, pero amigos, emitían Rocky en la tele. Que sí, que las tengo en blu-ray y las puedo ver cuando quiera. Pero en la tele y con anuncios, es otro rollo. Es difícil de explicar, pero es así.

Se trataba de Rocky 2. Pero es que el lunes de esa misma semana había visto Rocky 3. Me la puse de fondo mientras hacía cosas en el ordenador. Y la acabé viendo entera. Con Rocky no puedo hacer eso de “solo la puntita”. Mierda, que aún estamos en horario protegido. Pero en fin, esos a los que protegen pasan más noches acompañados que yo. Aún les tendré que preguntar cosas.

Lo mío con Rocky va más allá de todo. En fin: que entre el púgil y LOST acabé con las emociones como un electroencefalograma. (No lo he escrito a la primera)

El sábado amanecía tranquilo. Mi plan era la nada. Estuve toda la mañana en casa, comí y me tiré en el sofá. Y empecé a pensar. Pero poco.

No quería no hacer nada. Quería hacer fotos. Así que me dije “Alberto, vete a Lleida, que no has estado nunca, algo habrá. Total, solo buscas ventanas”.

Me subí al coche y pensé “me voy a Manresa, que es bonita y está a media horita”. Y eso iba a hacer. Hasta que fui a la gasolinera y vi un coche con matrícula de Lleida. Decidí hacer caso a las señales como lo hacía antes.

Así que me dirigí a la autovía.

Al igual que hacía mucho tiempo que quería ver el principio y el final de LOST, también hacía mucho que quería ir a Zaragoza. Pero del mismo modo que no dejaba de posponer ese par de episodios, hacía lo mismo con la capital maña.

Así que en plena autovía, decidí ir hacía allá.

Llegados a este punto tengo que explicaros que el trayecto “Barcelona-Logroño” es de lo más especial para mí. A los 12 años nos fuimos a vivir allí. Cada vez que hacía ese camino, mis sentimientos eran diferentes. Varias veces lo hice en tren, varias en coche. En un viaje de ida fue la primera vez que me senté delante. Todo un hito. Una primera vez.

Años después, 15, volvía a hacer ese trayecto de forma más o menos regular, pero con diferente destino. Esta vez dejaba Logroño atrás y me adentraba en el País Vasco. Esa vez por amor. Otra primera vez.

Creo que ha quedado claro que ese camino es, y será, muy especial para mí.

Con todos esos ingredientes veía en ese trayecto una prueba de altura para mi agorafobia, que está mucho mejor, pero sin superar. Por el momento.

El camino lo empecé relajado. Mucho. Me acompañaba la radio y su hubiese sido fumador, con gusto hubiese encendido un cigarro. No GPS. Sin Internet en el móvil. Solo yo.

Acabé la autovía. Cogí la carretera. Me perdí. Pero sabía dónde estaba. Estaba en Candasnos. Siempre lo recordaré como el lugar donde vacié el depósito.

Todo iba bien. Llegué a Zaragoza y sufrí una crisis de angustia. No sé si la mayor, pero una de las del TOP 3, seguro. Y aquí llega lo bueno: ES LO QUE BUSCABA.

Por que esto se supera así. A base de tener crisis y superarlas. Por eso es jodido cuando te enfrentas a una exposición (así se llaman estas situaciones) y te preguntan “¿qué tal ha ido?” Ellos esperan/quieren (como es normal) que les digas “muy bien, me he sentido genial”. Pero lo bueno, lo jodidamente bueno, es que diga “mal, he tenido una crisis, pero la he gestionado. Muy bien, por cierto”. Y eso es lo que pasó.

Esta vez no me quedé con la sensación de culpabilidad por haberme sentido mal. Cosa que me pasa mucho. Me quedé con que soy Batman. No, en serio, solo nos diferencia el dinero.

Tras llegar a Zaragoza y dar señales de vida a un par de personas, tocaba volver para casa.

Estaba derrotado. Todo mi cuerpo era tensión. Pero estaba contento.

Voy a ir acabando, que dice esto que me acerco a los 1.000 caracteres y no es propio de mí.

¡AH! La foto, sí. Pues la foto tiene su historia. Para vosotros es una foto casual, en blanco y negro y poco más. Para mí es un cambio de tendencia. En ese momento no estaba muy fino. Podría haber hecho lo de otras ocasiones: ducha, peli y a otra cosa. Pero no, ese día me cogí la cámara y salí. Cerca de casa. No esperaba sorprenderme. Hasta que vi a un par de palomas (una la quité con Photoshop) asomadas en una ventana con TODA la luz de frente.

Nunca creas que no te vas a sorprender. Porque nunca lo habré/habrás visto todo.

Y sin más dilación; hasta más ver 🙂

Hola, ¿qué tal?

¿Vienes mucho por aquí? Voy a hacer como que no, que te has perdido y ¡anda! Como cuando vas de camino a casa, por el mismo sitio de siempre, pero ese día te das cuenta de que la frutería, la que tenía kiwis fuera de temporada, ya no está. Ahora es un sitio que también tiene kiwis y otras cosas que jamás habías visto. En efecto: soy un badulaque. No tengo de todo lo que necesitas, pero en caso de emergencia… por favor, no me digas nada.

Soy la típica persona que tiene los ojos marrones, pero dice que tienen un tono verdoso. Puede que sí, puede que no, yo qué sé. ¿Y qué más da? (ah ah ah ah, si son cosas de la edad) Ah, sí. Hago muchos chistes. Todos muy malos. Por eso son tan buenos. Espero.

Soy un eterna duda. Creo.

Hago cosas que no suele hacer la mayoría. No sé, voy al cine sin nadie con quién compartir las palomitas, aunque soy más de chuches, y, pese a vivir solo, apenas como cosas fritas. Y es raro, porque soy un ser que no engorda coma lo que coma. Algo bueno tuve que hacer en mi vida anterior.

Estaba escribiendo esto, lo cerré y empecé a escribir otra entrada. Lo que viene justo acá:

No os voy a engañar, no tengo ningún tipo de guión para esta entrada. Cero. Suelo tener cosas apuntadas en el móvil y en una libreta. ¡Ah! ¡¡No me acordaba de la libreta!! Voy por ella.

Mierda, la única cosa que tengo apuntada y no he usado anteriormente es algo que no hace gracia. Es lo siguiente: Llovía. Pero no lo suficiente como para usar paraguas, pero sí como para poner cara de estar comiendo algo tan ácido como una ironía bien tirada.

Ahora he usado algo que no tocaba.

Lo único que tenía en la reserva.

Me siento desnudo.

Me levanto vestido.

Le he dado al intro unas cuantas veces porque tengo la cabeza un poco vacía de ideas. Y bueno, entre el truco del interlineado 1,5 y el del “punto gordo” la mayoría de gente tiene graduado escolar. Yo además tengo graduadas las gafas.

Aquí acaba la segunda entrada.

Y aquí empieza el final a “esto”.

No sé si está es la peor entrada que he escrito, o los dos trozos de entradas, pero es que en esta casa no se tira nada. Aquí se aprovecha todo. Y no iba a tirar todos estos caracteres a la basura. Es que el cubo está lleno y yo ya hoy no salgo de casa.

El domingo acabé libro. Me encanta acabar libros, series, sagas de películas… En fin, que acabé “Botas de lluvia suecas”, de Henning Mankell. Solo había leído un libro de él, “pero” se trataba de su serie del detective Wallander. Me gustá Wallander, “pero” “Botas de lluvia suecas” es otra cosa. Estoy usando demasiadas comillas…

Voy a cerrar esto con una de esas cosas que me ha dado por hacer. Juntos, pero no revueltos (que siempre es la mejor opción):

Hasta la próxima, que la habrá.

Mirad: me tenéis harto

Sí sí, vosotros. Es que no puedo con esta hipocresía que tan de moda se ha puesto. Pero claro “como todo el mundo lo hace”… El tema en cuestión es la monarquía.

Aquí a todo el mundo se le llena la boca diciendo que la Casa Real estuvo muy bien en su día, que fue muy importante para la transición, pero que ya está bien. Pero amigos, ¿cuándo tenéis hambre y cero ganas de cocinar, qué hacéis? Pues abrís el Just Eat y pedís un durum en el “Rey Doner Kebab”. POR FAVOR, si habláis pestes de la monarquía, aplicaos el cuento. Pero no. Y así con todo.

Hablando de cosas que se ponen de moda; siempre llego el último a estas cosas. Ahora me he dado cuenta de una cosa: muchos coches de mi barrio dejan subida la rueda trasera sobre el bordillo. Casi no digo la palabra cosa. COSA COSA COSA.

He bajado mucho el nivel seriéfilo, tanto que creo que me van a quitar el carné. Por cierto, el otro día, ordenando el cajón de los desastres, me topé con un carné de conducir caducado y me acordé de que cuando lo renové, me dijeron si me lo quería quedar, de recuerdo. Dije que sí, claro. Pero ¿por qué? Fue una de esas respuestas por inercia, como dar las gracias tras un “te quiero”.

(Retomamos) He bajado el nivel seriéfilo por varios motivos:
– Me agobiaba un poco tener que estar súper pendiente de si salía un capitulo y verlo, para no ir retrasado y que no se me acumulasen las series. Aquí tiene que ver la ansiedad, claro.
– Me ha dado por los libros.
– Estoy viendo más películas.
– Todas son falsas.
– Si un tren sale de A Coruña a 40km/h y otro de Sevilla a 55 ¿el aceite de Palma se sigue vendiendo en Mallorca?

(Vuelvo a retomar) Estoy leyendo más que hace un tiempo. Me gustaría hacerlo más rápido (lo de leer), pero no puedo, de momento. Estoy pensando en hacer una cosa (COSA COSA COSA) a la cual siempre he sido contrario: marcar los libros. Vi como @Compotita y pensé “esta tía está loca”, luego me di cuenta de que lo estaba, pero para bien. Saluda, Compo. En fin, que hace un par de días leí una frase y no consigo recordarla. Si la hubiese marcada, otro gallo cantaría. No me refiero a Bisbal. Palabra.

(Ahora retomo a la altura de lo del carné de conducir) Estoy volviendo a hacer algo que hacía cuando empecé a conducir. Estoy volviendo a oír/escuchar a M-Clan. No sé por qué dejé de hacerlo. Lo de M-Clan.

Y ahora voy a hacer un chiste de los míos: ¿Qué es lo contrario de carné? Pescadó.

Y ya está. No voy a estirar más el asunto.

Esperando título

Os lo juro (hablo en plural, como si me leyese más de una persona), tenía cosas pensadas para esta entrada. Cosas buenas. Pero me he puesto a escribir y se han ido. Como tu dignidad cuando coges el móvil a las 3 a.m. y piensas “¿qué foto tendrá?” y acabas escribiendo un mensaje que al día siguiente tendrá peores consecuencias que una noche de Jagermeister (lo he tenido que buscar, ni lo he probado, ni lo he comprado).

Bueno, vamos (otra vez en plural) a tirar de improvisación.

Acabo de cenar. Lo bueno de estar tan solo, es que por poco que prepares, tienes para dos o tres veces. Siempre que cocino hago tuppers. Es de las pocas cosas que hago bien (creo). Y siempre acabo hecho polvo mentalmente por el mismo asunto: la comida del tupper se enfría en 3 minutos, en el tupper en 3 días. No hay derecho.

Vivo de alquiler, no estoy pensando en comprar, pero de vez en cuando miro qué hay, lo mismo algún magnate ruso se vuelve a Moscú y deja a su pareja sin menú y soplando a la sopa fría y tiene a la venta su palacete por un módico precio. Pero qué mas dará, si no tengo ni para la entrada. La gente no le da mucho valor a eso, pero yo quiero tener un recibidor digno. Espero que lo hayáis pillado. Entrada… recibidor… Voy pidiendo perdón. Será lo mejor.

Si alguna vez decidís empezar un blog, un canal en YouTube o algo del estilo, os recomiendo, si os quedáis atascados, ir a comprar. Joder, eso es un filón. El otro día un hombre cogió un paquete de jamón dulce. Hasta aquí todo normal. Pero es que lo cogió tan de atrás que debió sustraerlo de Narnia (no la he visto, ni probado). Le faltó decirle a algún trabajador si en el almacén tenían jamón dulce del que caduca tras el día del juicio final. Si total, el jamón dulce dura lo que dura, como las relaciones. Ojo que se me ha quedado esto perfecto para contaros una historia de mierda.

Tengo que pensar si lo hago o si no.

Solo os diré el principio.

“- No me gusta soñar -dije.”

“-¿Por qué? A mí sí. Allí consigo cosas que aquí son imposibles -dijo ella.”

“- Por eso mismo. No lo quiero ni soñar.”

Después ella se coló en mis sueños.

Esto quizá suene a paranormal, lo mismo a vosotros también os pasa. Hay veces que estoy soñando y estoy en una situación que anhelo. La deseo, pero la veo tan lejos, tan inalcanzable, que como dije en aquella conversación, ni quiero soñarla. Pues en muchas de esas ocasiones, en el sueño, cierro los ojos, me concentro y me despierto. Ahora es cuando esto lo lee un médico y me dice que tengo un tumor cerebral.

Estoy pensando en tomarme el blog un poco más en serio. Publicar con regularidad. Seguiremos informando.

Pero antes se me tiene que pasar la emoción por mis ventanas y puertas. Cosa que no creo que pase dentro de poco. Es que:

Entrada dedicada a @idexbenz, por captar el rollo monólogo 🙂

PD: Me gustó mucho que os gustase tanto la última entrada.