Una valla en el camino

Él iba en moto. Cada día el mismo trayecto. Todo bajo control.

Acelera para que el semáforo no cambie a rojo antes de su paso. Como cada día.

Toma café en el mismo bar. Ya saben cómo servírselo. No hace falta que diga nada.

Vuelve a subirse a su moto, que dejó aparcada entre el banco y la farola. Como siempre.

Acelera, gira, frena, bache, intermitente, gas y a la oficina hasta las 18. Siempre igual.

Al salir, el camino es el mismo. Nada le sorprende. Nada le hace pensar.

Un día sale del parking y al querer incorporarse a la avenida que da acceso a su rutinario camino, se topa con una valla de color amarillo que le dice «esto no te lo esperabas, te vas a tener que apañar».

Con el paso de los días se da cuenta de que ese nuevo viaje no está tan mal.

Tarda casi lo mismo.No hay baches y un semáforo menos.

Ha descubierto una cafetería en la que le ponen unas galletas junto su café. Un brebaje café que no es igual al que está acostumbrado, pero no le importa.

Ahora, al salir de casa, piensa cada día en esas dichosas galletas. Es más, sale diez minutos antes para no tener prisa. La odia.

Los jueves pide cuatro galletas para llevar. Le chiflan.

Ya no se da cuenta de esa valla que le cierra (o abre) el camino. Él, simplemente, tuerce a la derecha y ya. Y no le importa, todo lo contrario.

Un día sale cada y no se encuentra con la valla. Y le da por pensar.

Se acuerda de la novedad que es ella.

De lo mucho que le gusta recibir sus mensajes.

De lo que le agrada pasar con ella la noche de los jueves.

De lo que le pone su diente torcido.

De cosas que le gustan de ella.

De cosas que creía olvidadas de él.

PERO.

Pero ella no es lo único que tiene en la cabeza.

En su cabeza vive ELLA. La verdadera «ELLA».

Porque ELLA es lo más. Pocas cosas hace mal, pocas cosas no le gustan de ELLA. Y las que no sabe hacer o no le gustan, le vuelven loco.

Pero todo lo compara. Esto está bien. Pero con ELLA es mejor. O no. Pero eso no importa.

ELLA se fue. O se fue él. Qué más da. Sus caminos se separaron.

Pero él sigue buscando esa señal luminosa que le diga «por aquí».

No se aparta de su camino, porque sabe que es la única manera de que… oh, vaya.

Publicado por

Alberto Cuadrado

Buenas noches (o lo qué sea), bienvenidos, gracias por estar aquí.

2 thoughts on “Una valla en el camino”

  1. Buena entrada. Podías escribir algo regularmente y dejar una incógnita al final para mantenernos a los lectores enganchados hasta la siguiente 😉

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